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Vinci
Tipo de juego: Estrategia
Fabricante: Eurogames/Jeux Descartes Editeur (© 1999)
Creador: Philippe Keyaerts
Reseña: Francisco Alcalá
Vinci es un juego de estrategia donde los jugadores controlan civilizaciones antiguas con diversas características y habilidades, las cuales nacen, se expanden y, posteriormente, entran en decadencia. El juego fue ganador del premio "Sim d'Or" en 1999, en Boloña, Francia.
El objetivo del juego es ser el primer jugador que logre conseguir una cantidad de puntos suficiente para rebasar el puntaje requerido (el cual varía de acuerdo al número de jugadores). Si más de un jugador rebasa tal cantidad, el ganador es quien tenga mayor número de puntos.
El tablero de Vinci representa al continente Europeo dividido en varias provincias. Cada provincia tiene un color correspondiente a su tipo: amarillo representa pastizales, gris para las montañas, etc. Los jugadores cuentan con fichas de colores para marcar dominio sobre las provincias. Entre más provincias ocupe un jugador, mayor será la cantidad de puntos que reciba al final de su ronda; por lo tanto, los jugadores deben expandir su territorio, lo que eventualmente llevará a entrar en conflicto con sus contrincantes. Los jugadores deben, sin embargo, buscar un equilibrio entre los territorios ocupados y la cantidad de fichas que dejan en sus territorios: una expansión excesiva tendrá territorios imposibles de defender.
Las civilizaciones de cada jugador están definidas por un par de "contadores de civilización", que son pequeñas piezas con un dibujo que representa un avance económico (agricultura o minería, por ejemplo), militar (armas, fortalezas, etc.), o tecnológico (mensajes, medicina, etc). Ambos contadores son tomados al azar, y definen no sólo las características de la civilización, sino también su tamaño, es decir, el número de piezas que el jugador utilizará para su civilización. Este número no aumenta a lo largo del juego (con ciertas excepciones), pero sí puede disminuir debido a los combates entre jugadores.
La única manera de expandir a la civilización es invadiendo provincias enemigas. Esto se logra mediante un curioso sistema de combate donde no interviene la suerte: para capturar una provincia se necesita un número determinado de piezas, que se calcula en base al tipo de provincia, la cantidad de defensores enemigos y las habilidades de la civilización. Si un jugador no posee las piezas necesarias para capturar la provincia, sencillamente no puede atacarla. Todos los ataques, por ende, son exitosos si el jugador utiliza la cantidad de piezas necesarias. Después de que el jugador termina sus ataques, las piezas enemigas se retiran del tablero y el jugador reacomoda todas sus piezas en las provincias que posee.
Ya que las civilizaciones generalmente no aumentan su tamaño (número de piezas), llega un momento en el que la civilización no puede expandirse más, y poco a poco irá reduciendo su tamaño por combates. En estos casos, un jugador puede decidir que su civilización ya no vale la pena de mantener, y la declara en decadencia. En su turno siguiente, el jugador selecciona otro par de contadores, define una nueva civilización, y vuelve a entrar al tablero con sus nuevas piezas. La civilización anterior ya no puede atacar, pero mientras siga ocupando provincias, le dará puntos al jugador.
La selección de las civilizaciones se basa en un sistema de subasta muy interesante: cuando un jugador va a elegir una nueva civilización (ya sea al principio del juego o después de haberse declarado en decadencia), puede escoger uno de 6 pares de contadores elegidos previamente al azar. El primer par es gratis, pero los siguientes cuestan puntos de victoria. Por lo tanto, si un par de contadores define una civilización deficiente, los jugadores seguramente la evitarán y tomarán los pares siguientes. Adicionalmente, los puntos pagados por brincar cada par no deseado se acumulan en esas civilizaciones: un par que haya sido despreciado por varios jugadores de pronto se vuelve interesante, debido a los puntos de premio que se han acumulado y que gana el jugador que elija a esa civilización. Este sistema de subasta es sutil y balanceado.
A pesar de que Vinci no tiene muchas variantes estratégicas, las que existen son suficientes para hacer un juego intenso y de decisiones complicadas. El combate, al ser determinístico, no tiene mucho valor estratégico: es fácil encontrar cuál es el territorio más idóneo para conquistar. Una de las decisiones más importantes es la elección de la civilización; de pronto pueden formarse pares de contadores que combinan de manera muy efectiva, y que permiten a la civilización expanderse y obtener muchos puntos por ronda. Elegir una buena civilización consistentemente (a lo largo de un juego los jugadores pueden controlar entre tres y cuatro civilizaciones) es un factor vital para la victoria. Otro de los puntos decisivos claves es saber cuándo declarar a la civilización en decadencia: si se hace muy pronto, se perderán puntos que se podrían obtener al expanderla más; si se hace demasiado tarde, es posible que se hayan perdido puntos valiosos por tratar de mantener viva a la civilización. Esta sutil decisión es más bien un arte y no una ciencia, y saber elegir el momento para declararse en decadencia es una habilidad que el jugador debe desarrollar si quiere ganar el juego.
Vinci no es perfecto. Los componentes del juego, a pesar de tener buena calidad, tienen un diseño que no podría considerarse hermoso ni mucho menos: el tablero, aunque práctico, es muy feo y sin detalles. El color de los contadores es extraño y las fichas de madera están pintadas con tonos demasiado fuertes, y en algunos casos lucen desgastadas por lo transparente de la pintura. El diseño de la caja tampoco es muy atractivo, y el manual de instrucciones, aunque colorido, es un poco confuso y deja algunas reglas poco claras.
En cuanto a las mecánicas del juego, Vinci sufre del síndrome de "última ronda". Por otra parte, el jugador tiene poco qué hacer mientras espera su turno, aparte de cruzar los dedos para que ningún contrincante le frustre la jugada que planea.
Sin embargo, los puntos débiles no son suficientes para evitar que Vinci sea un juego divertido, original y de elegante mecánica. Este juego sin duda será uno de los mayores éxitos de Descartes/Editeur, y esperemos que en un futuro próximo se publique la versión en español, como ya lo ha hecho la editora con otros de sus juegos. Muy recomendable.
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